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El esfuerzo de iniciar una actividad y la promoción del bienestar

Según Sonja Lyubomirsky, Kennon M. Sheldon y David Schkade (2005), comprometerse en una actividad requiere al menos dos clases de esfuerzo: 1) el esfuerzo necesario para iniciar la actividad; 2) el esfuerzo que se requiere para llevar a cabo y mantener dicha actividad.

Es obvio que los efectos beneficiosos de las actividades física o psicológicamente sanas solo se obtienen si la persona consigue iniciar la actividad. Pero iniciar una actividad requiere un esfuerzo de auto-regulación, una disciplina y una fuerza de voluntad importantes. Las investigaciones indican que esta capacidad de auto-regulación es como un “músculo” psicológico que se puede aprender a desarrollar. Las personas que han conseguido potenciar esta capacidad de “ponerse en marcha” en la realización de actividades placenteras tienen más potencial para ser felices en la vida. Son personas que seleccionan actividades que se ajustan a su personalidad. De esta manera les resulta más fácil hacer el esfuerzo de iniciarlas.

Habituarse a iniciar actividades supone poner en práctica las funciones ejecutivas, que dependen de las áreas prefrontales del cerebro. Las áreas prefrontales a su vez constituyen un eje gigante de conexiones neuronales que regulan otras zonas cerebrales. Esta integración neuropsicológica es uno de los pilares de la salud psíquica y del bienestar (Adserá 2013), por lo que es importante practicar en el día a día esta capacidad de “arrancar y ponerse en marcha”.

Referencias bibliográficas:
Lyudomirsky, S., Sheldon, K.M., Schkade, D. (2005). Pursuing Happiness: The Architecture of Sustainable Change. Review of General Psychology, 9(2), 111-131.
Adserá, A. (2013). Terapias de Psicología Positiva. Tarragona: 3Temas.

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www.psicothema.com/pdf/3255.pdf

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