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La amistad auténtica

La palabra amistad tiene y ha tenido a lo largo de la historia varios significados. Es un concepto que no está bien delimitado y sobre el cual incide mucho el tipo de cultura y sociedad en la que se trate. Hay distintos tipos de amistades, desde las más románticas a las más pragmáticas. Mi opinión personal, como psicólogo pero sobre todo como persona que tiene amigos, es que hay una amistad auténtica que es sincera, noble, altruista y desinteresada. Una amistad muy alejada de aquella otra que lleva a apuntar en una agenda, al menos en una agenda mental, una lista de favores que se han hecho y que deben ser correspondidos, triste visión mercantilista que denota algo que no es amistad auténtica. En realidad esta distinción no es nueva en absoluto. Ya en la antigüedad el filósofo Aristóteles distinguía entre la amistad que se funda en la utilidad y la amistad que se funda en la virtud, y consideraba a esta última la única amistad que merece verdaderamente este nombre.

Sobre el tema de la amistad auténtica, la sustentada en la virtud y en los valores humanos, me fascina la interesante idea del sociólogo y periodista Francesco Alberoni. Un amigo (un amigo de verdad), dice Alberoni, es alguien que te entiende y está a tu lado, alguien en quien puedes confiar y que siempre va a defender tu buen nombre. En este sentido, la amistad es una forma de amor, pero de tipo específicamente moral. La amistad es eros en su forma ética. La amistad se nos aparece de improvisto y se construye a lo largo de la vida a través de una serie de encuentros sociales con otra persona. Cada vez que dos amigos se encuentran de nuevo, aunque hayan pasado meses o incluso años, es un instante en el que renace la chispa de la amistad auténtica y que produce un sentimiento de alegría y felicidad.

Referencia bibliográfica:
Alberoni, F. (2006). La amistad. Barcelona: Gedisa.

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